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1er dom Adviento ciclo A

     En el tiempo de Adviento los cristianos hacemos memoria agradecida del Señor Jesús que vino en carne, nacido de mujer en la Palestina de hace ya veinte siglos.  Al mismo tiempo, participamos hoy de la vieja esperanza del pueblo de Israel, personificada en Isaías y los grandes profetas, Juan el Bau y María, para abrirnos como ellos confiadamente al Señor que viene y sigue viniendo en nuestro momento presente y que finalmente, vendrá cuando los tiempos se cumplan, la historia de la salvación concluya y Dios termine siendo "todo en todas las cosas".

 Toda la existencia del cristiano tiene que estar polarizada por esta esperanza en la venida y el encuentro definitivo con el Señor.  Con este tiempo de Adviento la Iglesia nos ayuda a renovar y poner al día esta esperanza tan importante para seguir viviendo.    Pero nos podemos preguntar si realmente cabe todavía tener esperanza en este mundo que vivimos.  La verdad es que la realidad se nos muestra desesperanzada, oscura, deprimente ante el cúmulo de problemas con que la humanidad se enfrenta en este comienzo de siglo.  El problema del hambre, los derechos humanos todavía como una utopía para millones de personas,  enfermedades  para las que no tenemos curación,  guerras y conflictos nacionales e internacionales, intolerancia y racismo, violencia de género, corrupción, desempleo, el cambio climático, etc., etc.    Sin embargo a pesar de lo abrumador de estos problemas la realidad también deja entrever signos de esperanza, como la creciente sensibilidad por el tercer mundo, el rechazo generalizado del uso de las armas atómicas y convencionales, la proliferación de organizaciones no gubernamentales, el aprecio  creciente por la democracia y los derechos humanos, la acción de la justicia que desenmascara y castiga a los ladrones, corruptos y asesinos, la conciencia global y colectiva de que los problemas del mundo nos atañen a todos, etc., etc.   La realidad es opaca y no nos deja apreciar ni captar suficientemente los signos y los gestos de humanidad que surgen día tras día a nuestro alrededor.    Estas pequeñas semillas de solidaridad humana que pasan casi desapercibidas en medio del escándalo estrepitoso del mal, son suficientes para alimentar nuestra esperanza y para hacer creible nuestra esperanza cristiana, basada no sólo en las conquistas del hombre, sino en el Dios Padre de Jesucristo que se ha empeñado en salvar a la humanidad.    Este Dios que no cesa de llamarnos de muchas maneras a colaborar en la construcción de su Reino.  Este Dios que nos invita a permanecer en vigilancia activa esperando su venida.  Este Dios que por boca de San Pablo nos invita a vestirnos de Cristo, esto es, a desnudarnos de nuestros viejos hábitos de egoismo e individualismo y vestirnos de compasión, de solidaridad  y de misericordia.

    Entremos pues en el Adviento, con el ánimo  y la esperanza renovada. Dios, el Emmanuel sigue con nosotros.




 
Fecha última actualización de esta web: 03/01/2014
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