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2º dom Adviento ciclo A

     Todos sabemos cuál fue el pecado de nuestros primeros padres:  el querer ser como dioses.   Dicho con otras palabras, el pecado de la humanidad fué desde sus orígenes, lo ha sido siempre y lo es hoy también, el querer edificar nuestra propia realización y felicidad sin contar con Dios y a costa de los demás.   Ese es el pecado original,  porque ese es el pecado con el que nos encontramos cuando nacemos, presente en la estructura de nuestro mundo y de nuestra sociedad, presente en todos nosostros.   "Queremos ser como Dios sin contar con El y a costa de nuestros hermanos".   Y esto que parece tan rimbonbante es algo tan cotidiano como el respirar y el comer.  Siempre lo mismo, aparecer y aparentar ser los mejores a costa de la humillación de los otros, tener más que el otro aunque sabemos que hay muchos otros que están muriéndose de hambre, nos alegramos con las desgracias de los demás, y nos entristecen sus éxitos.   Nuestra crítica es siempre destructiva. Y siempre lo mismo, yo, sobre todo yo y los demás mientras no me molesten los aguanto.

 Hoy, sin embargo, recordamos que en esta historia de pecado, hubo una mujer de nuestra raza, especialmente agraciada por Dios, que supo decir no al pecado y un sí rotundo a Dios.   A la soberbia del querer ser como Dios, María respondió con la humildad del hágase en mi según tu voluntad".  Y esta fiesta que hoy celebramos, la inmaculada concepción de María, no es un privilegio que la separe y la encumbre aparte y por encima de todos los hombres y mujeres, sino más bien una gracia por la que el Señor está con ella; y por ella, el Señor está también con nosotros.  Libre por la gracia de Dios, libre de cualquier sombra de complicidad y de pecado, es libre y solidaria para decir sí al Padre y ser madre de Jesús, para decir sí a Jesús y ser la madre de todos los hombres.  En María, la humanidad recupera la inocencia original,  esa mirada limpia que ve al otro como hermano, que ve el mundo y la creación como un regalo de Dios, que ve la historia y los acontecimientos como una llamada a construir el Reino de la justicia y la paz. En María su inocencia no es huída del mundo, sino compromiso y solidaridad con todos.    En María el deseo de toda la humanidad de querer ser como Dios se ha cumplido, aceptando hasta el fondo su condición de criatura y ser humano, en paz con Dios y con los demás.

 Hoy es día para alegrarnos por nuestra madre y con nuestra madre.  Hoy es día para contemplar a María encumbrada hasta lo más alto de la creación.  Y desear estar siempre con ella, imitando sus actitudes de escucha y acogida, aceptación y respuesta confiada de la Palabra de Dios.   



 
Fecha última actualización de esta web: 03/01/2014
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