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4º dom Adviento ciclo A

     Hoy toda la liturgia está iluminada por la Virgen encinta.  María esperando el nacimiento inminente de su Hijo.   La promesa de Dios que alimentó la ilusión y la esperanza del pueblo judío durante siglos, se vió cumplida de la forma más sencilla y sorprendente.   Una mujer pobre y sencilla, en el silencio de una casita de Nazaret, lejos de los centros de poder y de riqueza del mundo, se prepara para dar a luz al Salvador del mundo.   En verdad que son siempre curiosos y desconcertantes los caminos de Dios.  Sus planes no son nuestros planes, sus caminos no son nuestros caminos.   Allí, donde menos era de esperar, allí, en el lugar más olvidado del mundo, en una mujer que no cuenta para nada, allí, Dios ha establecido su morada.   Dios se presenta en este mundo por la puerta de atrás,  por el camino que nadie quiere recorrer, desde lo más bajo, desde lo más humilde,  haciendo de los pobres sus primeros destinatarios.   Dios se hace hombre en ese niño que va a yacer en el lugar más humilde de la tierra, en un pesebre.  El Dios que hizo el universo, que a todos nos maravilla con sus leyes inmutables, con sus distancias y su grandeza.  Ese Dios se desborda en su amor.   Y toda la creación se para por un momento para contemplar atónita el misterio de ese amor que se hace criatura, carne, llanto, respiración, balbuceo, sonrisa y abrazo.

 Desde el momento mismo de su concepción Dios nos está enseñando a todos, por donde va, cuáles son sus caminos, cuál es el camino de la salvación.  Dios nos está mostrando a todos que le buscamos en dónde le podremos encontrar.  Primero fijémonos en la Virgen, ella concibe por la fe, por la confianza en Dios.   Nosotros también podemos concebir en nuestro interior a Dios si le aceptamos, si le acogemos, dándole toda nuestra confianza.  Y si Dios elige lo humilde, lo pobre, lo marginal, es allí donde tendremos que mirar, situar nuestro corazón y dirigirnos si queremos encontrarle.    Primero haciéndonos nosotros también humildes, pobres ante Dios, necesitados de su ayuda.  Y segundo aceptar la causa de los pobres.  Solidarizarnos con todos los hermanos que lo pasan mal.   Dios está allí esperándonos, en los corazones heridos, en las víctimas, en los desamparados, en todos los pobres de la tierra.

 Hermanos, preparemos la Navidad, preparemos nuestra propia Navidad, la de cada uno de nosotros,  dejemos que la Palabra de Dios, crezca en nuestro interior hasta que un día ilumine con todo su resplandor nuestra vida.




 
Fecha última actualización de esta web: 03/01/2014
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