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Sobre el acceso de la mujer al sacerdocio

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1. El ejemplo de Jesús

Está claro que Jesús no eligió mujeres apóstoles, y que esto ha pesado durante siglos sobre la tradición cristiana. El deseo de seguir y obedecer el ejemplo de Jesús (la argumentación de que la Iglesia no es que no quiere, sino que no puede ordenar mujeres) es merecedor de un inmenso respeto, pues a eso mismo debemos aspirar todos los cristianos, estemos en la trinchera que estemos. Pero ahora hay que ver lo que responde a esto la otra parte. Jesús tampoco eligió apóstoles paganos, ni extendió su propia misión a los paganos. Tampoco eligió apóstoles célibes. En ambos casos, la Iglesia no se ha sentido infiel a Jesús al hacer lo contrario de lo que Él había hecho. Y por esta razón: Jesús mismo anunció que la obediencia a Él no era sólo a su recuerdo sino también a Su Espíritu y que, por eso, "os conviene que Yo me vaya, porque si no no vendrá El Espíritu que os enviaré desde el Padre y que os enseñará todas las cosas" (Jn 16,7 y 14,26). ¿Puede ser el ministerio de la mujer uno de esos puntos en que el Espíritu de Jesús va más allá de la materialidad de su recuerdo.

Cristo llamó al sacerdocio sólo a varones, a pesar de que se opuso a los prejuicios de su época contra la mujer. Tendría sus razones para no hacerlo porque no lo hizo ni con su Madre ni con las santas mujeres que le siguieron hasta la cruz. La Iglesia no se considera autorizada para cambiar un legado que no es suyo.

2. La naturaleza del ministerio eclesial

Las mujeres que permanecen junto a Jesús en el momento de su muerte en la Cruz son las depositarias del acontecimiento de la Resurrección y las enviadas a "los once" a anunciar el misterio central del cristianismo. Estudios recientes sobre el mundo social del cristianismo primitivo muestran que todos sus miembros -hombres y mujeres- tenían acceso a los cargos de responsabilidad. Los carismos no dependían del origen religioso de cada uno, del rol social, del sexo o de la raza. (Gál. 3,26-28). Excluir a las mujeres supone que unos seres humanos en razón de su sexo, son discriminados por el Espíritu, ya que "ellas" no pueden ser llamadas a ejercer sus carismas ministeriales o sacerdotales. Pedir el ministerio ordenado para las mujeres no es para reforzar la estructura patriarcal de la Iglesia católica, sino al contrario: para quebrarla y abrir caminos hacia la utopía de la comunidad de iguales en la diferencia.

Jesucristo fué varón y para actuar en su nombre en la Eucaristía, diciendo-esto es mi cuerpo-, es más adecuado que el instrumento que lo hace sea varón como El.

 
Fecha última actualización de esta web: 03/01/2014
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